Muchos eventos desafortunadamente tan cotidianos en nuestras vidas, me recuerdan algunos eventos dolorosos de la historia, eventos de terror, violencia y muerte. Me recuerdan un episodio doloroso en la memoria histórica de los seres humanos, el Holocausto.


Normalmente mientras desayuno, acostumbro ver la TV para escuchar las noticias y por las noches hago lo mismo antes de irme a dormir y desafortunadamente, las noticias que escucho no son nada alentadoras.

Por ejemplo, en los Estados Unidos la administración del Presidente Trump está separando familias, ya que está deportando a padres y madres por ser indocumentados, niños que regresan de la escuela y encuentran que sus padres no están en casa debido a que han sido deportados. En Latinoamérica, niños y jóvenes de ambos sexos que van en camino a la escuela o a sus trabajos/ son raptados para pedir rescate por ellos o para ser enrolados a las filas de los paramilitares o de los narcotraficantes. En México, Guatemala o Colombia, por citar algunos ejemplos, los feminicidios son noticias de todos los días, en el Salvador las maras están haciendo que las personas no salgan a las calles por temor a ser asesinados y en México la delincuencia organizada (narcotraficantes) hacen lo propio en muchas regiones del país.

 

Todos estos eventos desafortunadamente tan cotidianos en nuestras vidas, me recuerdan algunos eventos dolorosos de la historia, eventos de terror, violencia y muerte. Me recuerdan un episodio doloroso en la memoria histórica de los seres humanos, el Holocausto.

 

Personalmente creo que la finalidad de recordar este triste y doloroso suceso, no es para señalar a los malos o a los buenos, a las victimas ni a los victimarios, ni para decir quien gano o quien perdió, porque en todo caso, todos perdimos, sino para recordarnos a los seres humanos que, así como somos capaces de crear cosas hermosas, sublimes, también tenemos la capacidad para crear cosas crueles, monstruosas; y el recordarlo es para que no vuelva a pasar, como dice una cita de George Santayana “El pueblo que no conoce su historia, esta condenado a repetir sus errores” .

 

Probablemente muchos me dirán que no se pueden olvidar esos crímenes y tienen mucha razón, no se pueden ni se deben olvidar; con respecto a esto, Primo Levi, un judío italiano sobreviviente del campo de concentración de Auschwitz escribió:

“… A pesar del horror de Hiroshima y Nagasaki, la vergüenza de los Gulag, la inútil y sangrienta campaña de Vietnam, el auto genocidio de Camboya, los desaparecidos en la Argentina, y las muchas guerras atroces y estúpidas a que hemos venido asistiendo, el sistema de campos de concentración nazi continúa siendo un unicum, en cuanto a magnitud y calidad. En ningún otro lugar o tiempo se ha asistido a un fenómeno tan imprevisto y tan complejo: nunca han sido extinguidas tantas vidas humanas en tan poco tiempo ni con una combinación tan lúcida de ingenio tecnológico, fanatismo y crueldad. Es verdad que nadie absuelve a los conquistadores españoles de las matanzas perpetradas en América durante todo el siglo XVI. Parece que causaron la muerte de por lo menos sesenta millones de indios; pero actuaban por su cuenta, sin instrucciones de su gobierno o en contra de ellos y distribuyeron sus “crímenes” en realidad muy poco planificados a lo largo de un arco de más de cien años y colaboraron con ellos las epidemias que involuntariamente llevaron consigo. En resumen, ¿no habíamos tratado de librarnos de todo ese horror dando por sentado que se trataba de “cosas de otros tiempos”? ¿Hasta qué punto ha muerto y no volverá al mundo el campo de concentración, así como han muerto la esclavitud o el código de los duelos? ¿Hasta qué punto ha vuelto o está volviendo? ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para que en este mundo preñado de amenazas, ésta al menos desaparezca?”

 

Que pregunta tan directa nos esta haciendo Primo Levi a cada uno de los seres humanos. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para que en este mundo preñado de amenazas, los campos de concentración, al menos, desaparezcan? Y no solo los campos de concentración, sino, todo lo que representan en todos los sentidos.

 

Ante esta clase de pregunta, cada uno de los seres humanos sin importar edad, raza, religión, color, orientación sexual, condición socioeconómica, lugar de nacimiento o inclinación política, debemos abrir nuestras mentes y corazones, o como dice Eleonor Roosevelt, abrir la ventana del centro de nuestro pecho y dejar que los espíritus creativos entren y salgan libremente y nos ayuden, con creatividad a encontrar las respuestas.

 

Cualquier Cristiano o Católico nos diría que la respuesta a las preguntas de Primo Levi las encontramos en las enseñanzas de Jesús “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, mientras que un Budista nos diría que las respuestas están en alimentar en nosotros mismos la compasión y el respeto para todos los seres vivos y nosotros los Unitarios Universalistas, diríamos que promoviendo el valor y la dignidad de cada persona, promoviendo la justicia, equidad y compasión en las relaciones humanas, promoviendo la meta de una comunidad mundial con paz, libertad y justicia para todos.

 

Probablemente todas estas respuestas sean correctas y cada una de ellas se complementen entre si, pero la pregunta aquí es: ¿Quién está dispuesto a empezar realmente a amar a su prójimo como a si mismo?, ¿Quién? ¿Quién está dispuesto honestamente empezar a tener compasión y respeto por todos los seres vivientes del planeta?, ¿Quién?, ¿Quién está realmente dispuesto a trabajar por la justicia, la equidad y compasión en las relaciones humanas? ¿Quién? ¿Quién de nosotros que estamos aquí cómodamente leyendo este artículo será quien dé el primer paso? ¿Quién?

Cuando todo esta en calma, cuando no hay conflictos, para cualquiera sería muy fácil decir yo, ¡yo puedo! ¡Yo puedo dar ese primer paso! Pero en la vida diaria, rápidamente olvidamos nuestros buenos deseos, hasta que nos encontramos en el ojo del huracán, o sea, viviendo una situación de injusticia, de opresión igual o parecida a la del holocausto. Un ejemplo de esto fue Ana Frank

 

Ana Frank fue una niña judía alemana de clase acomodada de doce años de edad que escribió en su diario sus experiencias en un escondrijo de un desván construido en un edificio de oficinas, mientras se ocultaba junto con los miembros de su familia de los nazis en Ámsterdam Holanda, durante la Segunda Guerra Mundial. Ana Frank y su familia compartían el pequeño escondite con otra familia y un profesor. Finalmente, ella junto con su familia y el resto de las personas que ahí se escondían, fueron capturados por los nazis y llevados a distintos campos de concentración alemanes.

 

Ana Frank escribió:

“Miércoles, 13 de enero de 1943

Afuera es terrible. Día y noche más de esa pobre miserable gente está siendo llevada sin algo más que una mochila y un poco de dinero. En el camino se les quitan aún esas posesiones. Las familias son separadas. Niños que llegan de la escuela para encontrar que sus padres han desaparecido. Mujeres que regresan de sus compras y encuentran sus casas clausuradas y sus familias desaparecidas.

Los holandeses están igual de ansiosos, sus hijos están siendo enviados a Alemania. Hay pánico en todos.

En cuanto a nosotros, somos afortunados. Sí, somos más dichosos que millones de personas. Aquí estamos tranquilos y a salvo; estamos, como quien dice, viviendo el capital. Nos damos el lujo de hablar sobre “cuando termine la guerra”. Nos animamos al solo pensamiento de tener ropa y zapatos nuevos cuando realmente deberíamos ahorrar hasta el último centavo para salvar a otros y recuperar lo que ha quedado de la destrucción de la guerra.

…Nada podemos hacer sino esperar lo más calmadamente que podamos hasta que esta miseria llegue a su fin. Judíos y cristianos esperan, el mundo entero espera y hay tantos que esperan la muerte”.

 

Eleanor Roosevelt comentó acerca del diario de Ana Frank: “Éstas son las reflexiones de una muchacha joven que vive bajo condiciones extraordinarias y por esta razón su diario nos dice mucho sobre nosotros y sobre nuestros propios hijos. Yo siento que  todos estamos muy ligados a la experiencia de Ana, involucrados a su corta vida y al mundo en general. El diario de Ana es un digno monumento a su espíritu exquisito y a los espíritus de aquéllos que han trabajado y siguen trabajando en pro de la paz.

 

¿Se imaginan lo difícil que ha de haber sido para Ana y todas las otras personas que vivían en ese pequeño lugar, sin poder salir a la calle, sin poder asomarse a las ventanas y vivir con el miedo constante de que en cualquier momento la GESTAPO llegara a detenerlos? ¿Se imaginan a estas personas con edades, gustos y temperamentos totalmente diferentes viviendo en un espacio tan reducido? Ellos tuvieron que abrir la ventana del centro de su pecho y dejaron que los espíritus entraran y salieran volando para poder crear, o más bien dicho, poder recrear juntos sus nuevas vidas, para poder librar una batalla interna diariamente, la cual era más dura que la que se estaba llevando a cabo en las calles”.

Con respecto a este pasaje que acabo de citar del diario de Ana Frank, ¿no les suena familiar?- familias separadas. Niños que llegan de la escuela para encontrar que sus padres han desaparecido, ya sea porque fueron asesinados por narcotraficantes o raptados por los paramilitares o aquí, en Estados Unidos porque fueron deportados. Mujeres que regresan de hacer sus compras, del trabajo y encuentran sus casas cerradas y a sus maridos deportados. A pesar de que no estamos en guerra y que aparentemente ya no hay campos de concentración al estilo “Nazi”, situaciones semejantes se siguen dando aquí, en la casa de atrás, en la puerta de al lado, en la casa de nuestros vecinos, de nuestros amigos o conocidos, los cuales están siendo deportados, asesinados o raptados y nosotros no estamos haciendo nada para evitarlo. ¿Qué podemos hacer cada uno de nosotros para que en este mundo preñado de amenazas, éstas situaciones desaparezcan?

 

Aquí es donde nuestro espíritu creativo debe salir volando libremente y tratar de cambiar este tipo de situaciones. Sir Wiston Churchil escribió: “Un optimista ve una oportunidad en toda calamidad, un pesimista ve una calamidad en toda oportunidad”. Nosotros los Unitarios Universalistas ¿somos los optimistas o somos los pesimistas?, ¿vemos una oportunidad en toda calamidad o una calamidad en cada oportunidad? ¿Qué estamos haciendo cada uno de nosotros para cambiar el mundo que nos rodea? ¿Que estamos haciendo para evitar las actuales deportaciones? ¿Que estamos haciendo para que los feminicidios en Guatemala, Colombia, México o el Salvador por poner unos ejemplos, terminen? ¿Que estamos haciendo para que nuestros hijos, hermanos, amigos o vecinos no vayan a matar o morir en las guerra de las pandillas en nuestras ciudades o barrios? ¿Por qué no le permitimos a nuestro espíritu creativo volar libremente? O ¿creemos que el trabajo y el juego, la realidad y la fantasía, la ciencia y la imaginación, el cielo y la tierra, la razón y los sueños son cosas que no están unidas?

El pueblo que no conoce su historia, esta condenado a repetir sus errores, ¿vamos a permitir que se cometan o nosotros cometer los mismos errores una y otra vez?

Elie Wiesel, otra superviviente del campo de concentración de Auschwitz nos dice:

“Nunca olvidaré esa noche, la primera noche en el campamento, cuando mi vida se convirtió en una larga noche, siete veces maldita y siete veces sellada.

Nunca voy a olvidar ese humo.

Nunca voy a olvidar las pequeñas caras de los niños, cuyos cuerpos vi convirtiéndose en coronas de humo bajo un silencioso cielo azul.

Nunca olvidaré las llamas que consumieron mi fe para siempre.

Nunca voy a olvidar ese silencio nocturno del que me privaron, por toda la eternidad, del deseo de vivir.

Nunca olvidaré esos momentos en los que asesinaron a mi Dios y a mi alma y convirtieron mis sueños en polvo.

Nunca olvidaré estas cosas, incluso si estoy condenada a vivir tanto tiempo como Dios mismo. Nunca.

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Roberto Padilla

El doctor Roberto Padilla es miembro de la Primera Iglesia Unitaria de San Jose, California.
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