¿Qué tal si pensamos en Dios como el Todo de la Realidad que abarca el universo y del que formamos parte? Cambia el panorama y todo se vuelve santo. Ese es el Dios que se halla en el mundo, en cada persona, en cada flor y sonrisa, en la felicidad y el sufrimiento, en el rico y en el pobre, en los animales rastreros y sublimes.

But, what if we think of God and the Whole of Reality that embraces the entire universe we are part of? This changes the landscape and everything becomes holy. This is the God where the world can be found, in each person, flower, smile, joy and suffering, rich and poor, crawling and majestic animals.


 

por: Pedro M. Rosario Barbosa

En un archipiélago llamado Puerto Rico, vivimos en una tierra perteneciente a, pero no parte de, los Estados Unidos. Hemos soportado una relación colonial, primero con España y después con los norteamericanos. Esta ha sido una expresión de explotación y de conveniencia con nuestra actual metrópoli. En el siglo XX, fuimos un centro importante de producción azucarera, lo que llevó a la proletarización de la mano de obra rural, que empobreció a gran parte de la población ante los monopolios corporativos de aquel momento. Luego, después de la Segunda Guerra Mundial se fomentó su atractivo industrial, que ayudó a profesionalizar las masas urbanas que se volvieron en la clase media de la población. Más recientemente, tras la eliminación de los incentivos de nuestra prosperidad artificial, nuestros gobernantes intensificaron la emisión de bonos a tal punto que, en el presente, los inversionistas “buitres” se han transformado ahora en heraldos que anuncian que Boriquén “tiene que pagarle al flautista.” No importa si sufre nuestra gente, si los enfermos no recibirán medicamentos o si mañana no tendremos acceso a agua limpia; al final lo que importa es el amor al dinero por parte de bonistas por encima de todo lo demás, especialmente bajo un supragobierno totalitario colonial que es la Junta de Supervisión Fiscal, creación de PROMESA (la Ley de Supervisión, Manejo y Estabilidad Económica de Puerto Rico) firmada bajo el Presidente Barack Obama. Este es nuestro primer huracán devastador.

 

Junto a esta nefasta institución, llegaron otros dos: los huracanes Irma y María, que están dejando al desnudo nuestra cadente infraestructura y que agrava los problemas de desempleo, la desesperanza, la emigración y el crimen. Ante esto, la condición indignante territorial nos impide tomar medidas autónomas para el desarrollo económico, sin la posibilidad futura de que se convierta en un estado de la Unión o en un país soberano independiente. Nos fuerzan a comerciar con Estados Unidos mediante las embarcaciones más caras del mundo, nos impiden hacer acuerdos y tratados con otros países del mundo, nos impiden tener libre acceso a unos bloques económicos, por lo que nos vemos vulnerables ante los cambios incesantes del mercado global.

 

¿Dónde está Dios en todo esto? En el Unitarismo Universalista, procuramos buscar genuinamente la verdad y el significado en nuestra vida. Ante tanto motivo de tristeza es difícil ver la mano de un Dios “bondadoso” en medio de tanto sufrimiento. Uno de los principios medulares del UU es el de buscar responsablemente la verdad y el significado de la vida. ¿Cómo es posible encontrar el significado en una situación así?

 

Confieso que por un asunto similar abandoné mi fe en un Dios lejano y sobrenatural, que siendo omnipotente, por razones que nadie entiende, no puede aliviar el dolor de niños inocentes que viven bajo la pobreza en nuestro terruño tropical. Este es el año en que irónicamente el gobierno de Puerto Rico decidió, en desafío a su propia Constitución, violar la separación de iglesia y estado al auspiciar ayunos de cuarenta días, actividades de oraciones en el Capitolio (donde se halla nuestra legislatura) y la radicación de proyectos de ley para beneficiar a las iglesias cristianas. Todo esto tenía el objetivo de que “mejorara” nuestra situación económica al ser protegidos mediante el poder divino. Ante tres huracanes, Ese Dios trascendente parece tener oídos sordos.

 

Pero, ¿qué tal si pensamos en Dios como el Todo de la Realidad que abarca el universo y del que formamos parte? Cambia el panorama y todo se vuelve santo. Ese es el Dios que se halla en el mundo, en cada persona, en cada flor y sonrisa, en la felicidad y el sufrimiento, en el rico y en el pobre, en los animales rastreros y sublimes. A todos ellos estamos hermanados por el lazo evolutivo, porque todos tenemos ancestros comunes, porque nuestros átomos provienen de las estrellas. Como diría nuestro querido cantante, Gilberto Santa Rosa, nosotros somos la suma de todo lo que hemos pasado. Esta red de vida que nos rodea, por el que todos emergemos entrelazados en este planeta es reconocido por el corazón moral de nuestra iglesia.

 

Ante esta manera de mirar el cosmos, nuestros labios callan en adoración. Con reverencia el corazón alaba a Dios, a ese Ser Supremo, porque ante la oscuridad, somos Su intelecto, Sus ojos, Sus brazos y Sus pies con los que Él puede salvar el mundo. Estos son los preciosos dones que brotan de millones de años de evolución. Así, cada uno puede apropiarse de las palabras del dios Apolo en el famoso poema de Percy Shelley: “Yo soy el ojo con el que el universo se autocontempla y sabe que es divino.”

 

Dentro de una realidad sórdida, adquieren un nuevo sentido las palabras atribuidas a Francisco de Asís, “hazme un instrumento de tu paz”. Somos los medios llamados a seguir el camino trazado por los principios UU, es decir, la siembra de semillas de justicia y equidad mediante la práctica de nuestra compasión con aquellos que más lo necesitan. Nuestra congregación siempre aspirará a ser, dentro de sus limitaciones a ese tipo de faro en la noche. Abrazamos nuestra diversidad ideológica en torno al destino final de Puerto Rico, mientras que cada uno está comprometido con un mundo más justo para cambiar su realidad económica, política y social. Dentro de nuestras limitaciones hemos abierto las puertas para cooperar con organizaciones humanistas, religiosas y seculares para este fin.

 

Con esa meta, decimos “Amén”, porque el Todo enciende la luz que brilla en los corazones generosos de una diversidad de personas, de todo tipo de raza, ideología y género para transformar a Puerto Rico en una de muchas sedes de justicia y libertad. En nuestro caso, de los principios morales UU podemos descubrir la voluntad de Dios, la de cambiar nuestra sociedad y realidad política a que valore la dignidad de cada ser humano y de la sociedad puertorriqueña, de actuar con conciencia en nuestras relaciones con otros y con la Tierra y de sentirnos parte de algo mucho más grande que nosotros, pero del que formamos parte: la Gran Narrativa del universo.

 

Que así nos volvamos en una dulce melodía de alegría para la felicidad de otros.

 

Que así nos convirtamos en un oasis de tranquilidad para aquellos atormentados por los vientos de la desesperación.

 

Que seamos viva manifestación de la bondad divina, encarnación de todo lo mejor que tenemos que ofrecer a nuestro prójimo.

 

Que traigamos el amanecer del sol en nuestras manos, para formar parte del nuevo comienzo de nuestro país.

 

Que seamos un beso espiritual que mueva la Tierra a su esplendor.

 

Que así sea. Amén.

by Pedro M. Rosario Barbosa- Member of Unitarian Universalists Puerto Rico (UUPR)

In an archipelago called Puerto Rico, we live in a land that belongs to, but is not part of, the United States. We endured a colonial relationship, first with Spain, and then with North Americans. This has been a manifestation of exploitation and convenience with our current metropolis. En the twentieth century, we were one very important point of sugar production, which led to transform the rural population from land owners and small tenants of land into proletariats. This led to their impoverishment   in order to benefit a few corporate monopolies at the time. Later, after World War II, new incentives attracted industrial production, something that helped modernize the region and professionalize the urban masses that would become the middle class. Most recently, after eliminating these incentives, our governors intensified bond emissions to the point that, in the present, hedge fund investors have become the heralds that announce to Boriquén (how the Taíno called Puerto Rico) “it is time to pay the piper”. It does not matter if our people suffer, if the sick will not receive medication or if tomorrow we will not have access to clean water; at the very end, what matters to them is their love for money over everything else, especially under the totalitarian colonial supra-government that is the Fiscal Oversight Board, a creation of PROMESA (Puerto Rico Oversight, Management, and Economic Stability Act), signed into law by President Barack Obama. This is our first devastating hurricane.

 

Along with this terrible institution, two other hurricanes arrived, namely Irma and María, which are unveiling our decadent infrastructure while aggravating our problems of unemployment, hopelessness, emigration, and crime. Before this, our territorial and undignified condition does not let us take our own measures to develop our economy, without the possibility of Puerto Rico becoming either a state of the Union or a sovereign independent country. United States’ policy forces us to trade with them using the most expensive transportation in the world, it hinders us from establishing agreements or signing treaties with other countries of the world, and it impedes free access to economic blocks, which leaves us vulnerable to the constant changes in the global market.

 

Where is God in all of this? In Unitarian Universalism, we truly seek the truth and meaning in our lives. But, given all of these reasons for sorrow, it is difficult to see the hand of a “good” God in the midst of so much suffering. One of UU’s main principles is seeking truth and meaning responsibly in our lives. How is it possible to find meaning in a situation like this?

 

I confess that, because of something similar, I abandoned my faith in a transcendent and supernatural God who, being all-powerful, for reasons no one understands, cannot alleviate the pain of innocent children that live under poverty in our small tropical homeland. This is the year in which, ironically, the Puerto Rican government decided, as a defiance to our own Constitution, to violate the separation of Church and State by sponsoring forty days of fasting, prayer activities in our Capitol (where the legislative activity takes place), and presenting bills to benefit Christian churches in particular. All of this had the goal of making our economic situation “better” by being protected by a divine power. Unfortunately, that God seems to have deaf ears.

 

But, what if we think of God and the Whole of Reality that embraces the entire universe we are part of? This changes the landscape and everything becomes holy. This is the God where the world can be found, in each person, flower, smile, joy and suffering, rich and poor, crawling and majestic animals. We are brothers and sisters of all of them through evolutionary bond, because we all have common ancestors, and because all of our atoms come from the stars. As a dear Puerto Rican salsa singer, Gilberto Santa Rosa, would say, we all are the sum of all of what we have gone through. This network of life that surrounds us, through which we emerge interlinked in this planet is recognized by the moral core of our Church.

 

Our lips are silent in worship as we look at the cosmos this way. With awe, our hearts praise God, that Supreme Being, because to confront the darkness, we are His Mind, His eyes, His arms, and His feet through which He can save the world. This is the precious gifts of millions of years of evolution. In this way, we can appropriate for us the words of the god Apollo in Percy Shelley’s famous poem: “I am the eye with which the Universe beholds itself and knows it is divine.”

 

Within a sordid reality, we find a new meaning to the words attributed to Francis of Assissi, “let me be an instrument of Your peace”. We are the means called to follow the path drawn by UU principles, that is, to sow the seeds of justice and equity through the practice of our compassion to those who most need it. Within our limits, our congregation will always aspire to be that kind of lighthouse in the night. We embrace our ideological diversity regarding Puerto Rico’s final destiny, while each one is committed to a more just world to change its economic, political, and social status. To this end, we have opened our doors to cooperate with Humanist, religious and secular organizations.

 

With that goal, we say “Amen”, because the Whole of Reality kindles the light that shines in the generous hears of different people, of all kinds of race, ideology and gender, to transform Puerto Rico in one of many seats of justice and freedom. In our case, from UU moral principles we can discover God’s will, that asks us to change our society and political reality to one that values the dignity of every human being, and of Puerto Rican society as a whole; that we act consciously in our relationships with others and with the Earth, and feel part of something bigger than us, but of which we are all part of: the Great Story of the universe.

 

So be it, that we become the sweet melody of happiness for others’ joy.

 

So be it, that we turn out to be an oasis of tranquility for those tormented by the winds of despair.

 

So be it, that we become a living manifestation of divine goodness, an encarnation of all the best that we have to offer our neighbors.

 

So be it, that we bring the morning of the sun in our hands, to form part of the our country’s new beginnings.

 

So be it, that we become a spiritual kiss that moves the Earth to its splendor.

 

So be it. Amen.

 

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